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domingo, 15 de julio de 2012

Juego de tronos, la serie de Tv que recuerda a un videojuego.

El trono de hierro, hecho de espadas.
Como mucho otros, yo también he caído subyugado por la serie de Tv basada en los libros de George R. R. Martin, concretamente en el primero de la saga, escrito en 1996 y titulado, "Canción de hielo y fuego".

Juego de tronos o, Game of Thrones (original) es una serie fantástica en la que hay dos aspectos que destacan sobre los demás y que descubriremos rápidamente tras ver unos minutos de cualquiera de los 10 capítulos de la primera temporada, el sexo y violencia es algo constante en la serie y el leitmotiv de muchas de las acciones del argumento, sin embargo no es lo unico en la obra y existen multitud de personajes que componen un rico universo lleno de matices y giros argumentales inesperados.

Sin duda mi personaje favorito, como supongo que el de la mayoría de la audiencia es Tyrion Lanister, apodado "El Nomo", un hombre inteligente e instruido, amante de todos los placeres, el sexo, el buen comer y beber, que ya que no puede utilizar la fuerza, sabe como utilizar la inteligencia para proteger su vida y el poder que ostenta, llegando a ser "mano del rey". El mas listo de la casa Lanister, su pragmatismo es épico, así como su visión política y su capacidad para conocer a las personas.

A modo de pincelada, una de sus frases en la serie.
Le preguntan como quiere morir cuando están a punto de matarlo y responde:
"Viejo, en la cama, con la barriga llena, una copa de vino en la mano y la polla en la boca de una doncella"

Tyrion Lanister, el nomo.

Existen diferentes videojuegos basados en el universo de Juego de Tronos, pero no puedo recomendar ninguno de ellos porque para mi gusto no pasan de ser basura oportunista sin fuste ni interés alguno.

La novela transcurre en un mundo fantástico con reminiscencias de la Europa de la Edad Media en el que la magia y las criaturas míticas del pasado han quedado en el olvido. En el continente de Poniente, donde las estaciones duran décadas y los inviernos son tiempos duros, se acerca el final del largo verano. Pocos años después de la revuelta que puso fin al reinado de la dinastía Targaryen, Robert Baratheon, que lideró a los nobles rebeldes junto con Eddard Stark, ocupa ahora el trono de hierro de los siete reinos. Sin embargo, las pugnas por el poder entre las principales casas nobiliarias salen cada vez más abiertamente a la luz. Además, inquietantes sucesos acontecen en el norte, más allá del gigantesco muro que separa los siete reinos de las tierras salvajes. Todo hace pensar que el equilibrio en Poniente está a punto de romperse de nuevo.




Daenerys Targaryen, Khaleesy de los Dothraki

Introducción al argumento.

Quince años antes de la novela, los Siete Reinos estaban separados por una guerra civil, conocida alternativamente como la Rebelión de Robert o la Guerra del Usurpador. El Príncipe Rhaegar Targaryen secuestró a Lyanna Stark, despertando la ira de su familia y de su prometido, Robert Baratheon (el cabecilla de la rebelión contra el Rey). El Rey Loco, Aerys Targaryen, ejecutó al padre de Lyanna y a Brandon Stark cuando ellos intentaron rescatarla. El segundo hermano de Lyanna, Eddard Stark, se unió a sus amigos de la juventud, Robert Baratheon y Jon Arryn en la declaración de guerra contra los Targaryen, asegurando la lealtad de la Casa Tully y la Casa Arryn a través de una cadena de matrimonios dinásticos (Lord Eddard con Catelyn Tully(antigua prometida de su hermano Brandon) y Lord Arryn con Lysa Tully). La poderosa Casa Martell continuó apoyando al Rey, pero la Casa Lannister y la Casa Tyrell pusieron respectivas excusas por los insultos contra sus casas hechos por el Rey. La guerra civil llegó a su clímax con la Batalla del Tridente, en la cual el Príncipe Rhaegar fue asesinado por Robert Baratheon. Los Lannister finalmente acordaron apoyar al Rey Aerys, pero luego éstos se volvieron brutalmente en su contra, saqueando la capital Desembarco del Rey. Jaime Lannister de la Guardia Real, asesinó al Rey Aerys y la Casa Lannister juró lealtad a Robert Baratheon. Los Martell y el resto de los fieles al rey Aerys se rindieron y Robert fue declarado Rey de los Siete Reinos. Desafortunadamente, durante la guerra, Lyanna Stark murió, aparentemente de enfermedad; Robert Baratheon, en su lugar, se casó con Cersei Lannister para consolidar la alianza. A pesar de la victoria de Robert, el hijo y la hija más jóvenes del Rey Loco (Viserys y Daenerys Targaryen) fueron llevados a través del mar por criados fieles. Después de la guerra la Casa Martell eligió el camino del aislamiento, desde que la hermana de la princesa de Dorne, Elia Martell (la esposa del príncipe Rhaegar) y sus hijos pequeños fueran asesinados por Gregor la Montaña Clegane durante el asalto a la capital.

Seis años después, el Rey Robert atajó con determinación la rebelión de Balon Greyjoy de las Islas del Hierro. Los dos hijos mayores de Balon fueron asesinados, mientras que su hijo más joven, Theon Greyjoy, fue dado a Eddard Stark como un pupilo (versión políticamente correcta de "rehén").

Como curiosidad comentar que el autor era guionista de televisión antes que escritor de novelas, pero algún productor avispado le recomendó que dejara  de serlo porque según aquel lumbrera, sus argumentos y guiones resultaban demasiado caros para ponerlos en pantalla, así lejos de hacerle caso el Sr. Martin escribió una novela llena de personajes sin preocuparse del coste que supondría en un futuro llevarla al cine o la Tv. A día de hoy, ha demostrado a aquel productor incompetente que lo importante no es el coste, sino la rentabilidad, siendo una de las series mas premiadas y vistas en Estados Unidos y prácticamente en todo el mundo.

Lema de la familia Stark.
He intentado no meter ningún spolier en la entrada, aunque si quieres saber mas, incluidos los spoilers de todo tipo, te recomiendo visitar estas webs. 


Se acerca el invierno...

domingo, 17 de junio de 2012

Por qué escribo. Los motivos de George Orwell que comparto.

Ante la pregunta que alguna vez me han hecho de por qué escribo este blog y otras obras, podría ponerme divino y decir una buena sarta de sandeces, realmente lo hago más veces de lo que me gustaría. Pero leyendo al maestro George Orwell, creo que puedo humildemente compartir su explicación de cuatro puntos sobre cual era el impulso que le movía para escribir sus obras. Incluyo el texto completo aunque lo referido a mi motivación personal se circunscribe a los cuatro puntos única y exclusivamente.
Así las cosas, si alguien está interesado en saber por qué escribo (Cuestión que pongo en duda seriamente),  solo tengo que remitirme a la explicación del maestro Orwell.

Por qué escribo.


George Orwell.

Desde muy corta edad, quizá desde los cinco o seis años, supe que cuando fuese mayor sería escritor. Entre los diecisiete a los veinticuatro años traté de abandonar ese propósito, pero lo hacía dándome cuenta de que con ello traicionaba mi verdadera naturaleza y que tarde o temprano habría de ponerme a escribir libros.

Era yo el segundo de tres hermanos, pero me separaban de cada uno de los dos cinco años, y apenas vi a mi padre hasta que tuve ocho. Por ésta y otras razones me hallaba solitario, y pronto fui adquiriendo desagradables hábitos que me hicieron impopular en mis años escolares. Tenía la costumbre de chiquillo solitario de inventar historias y sostener conversaciones con personas imaginarias, y creo que desde el principio se mezclaron mis ambiciones literarias con la sensación de estar aislado y de ser menospreciado. Sabía que las palabras se me daban bien, así como que podía enfrentarme con hechos desagradables creándome una especie de mundo privado en el que podía obtener ventajas a cambio de mi fracaso en la vida cotidiana. Sin embargo, el volumen de escritos serios, es decir, realizados con intención seria, que produje en toda mi niñez y en mis años adolescentes, no llegó a una docena de páginas. Escribí mi primer poema a la edad de cuatro o cinco años (se lo dicté a mi madre). Tan sólo recuerdo de esa "creación" que trataba de un tigre y que el tigre tenía "dientes como de carne", frase bastante buena, aunque imagino que el poema sería un plagio de "Tigre, tigre", de Blake. A mis once años, cuando estalló la guerra de 1914-1918, escribí un poema patriótico que publicó el periódico local, lo mismo que otro, de dos años después, sobre la muerte de Kitchener. De vez en cuando, cuando ya era un poco mayor, escribí malos e inacabados "poemas de la naturaleza" en estilo georgiano. También, unas dos veces, intenté escribir una novela corta que fue un impresionante fracaso. Ésa fue toda la obra con aspiraciones que pasé al papel durante todos aquellos años.

Sin embargo, en ese tiempo me lancé de algún modo a las actividades literarias. Por lo pronto, con material de encargo que produje con facilidad, rapidez y sin que me gustara mucho. Aparte de los ejercicios escolares, escribí vers d'occasion, poemas semicómicos que me salían en lo que me parece ahora una asombrosa velocidad -a los catorce escribí toda una obra teatral rimada, una imitación de Aristófanes, en una semana aproximadamente- y ayudé en la redacción de revistas escolares, tanto en los manuscritos como en la impresión. Esas revistas eran de lo más lamentablemente burlesco que pueda imaginarse, y me molestaba menos en ellas de lo que ahora haría en el más barato periodismo. Pero junto a todo esto, durante quince años o más, llevé a cabo un ejercicio literario: ir imaginando una "historia" continua de mí mismo, una especie de diario que sólo existía en la mente. Creo que ésta es una costumbre en los niños y adolescentes. Siendo todavía muy pequeño, me figuraba que era, por ejemplo, Robin Hood, y me representaba a mí mismo como héroe de emocionantes aventuras, pero pronto dejó mi "narración" de ser groseramente narcisista y se hizo cada vez más la descripción de lo que yo estaba haciendo y de las cosas que veía. Durante algunos minutos fluían por mi cabeza cosas como estas: "Empujo la puerta y entró en la habitación. Un rayo amarillo de luz solar, filtrándose por las cortinas de muselina, caía sobre la mesa, donde una caja de fósforos, medio abierta, estaba junto al tintero. Con la mano derecha en el bolsillo, avanzó hacia la ventana. Abajo, en la calle, un gato con piel de concha perseguía una hoja seca", etc., etc. Este hábito continuó hasta que tuve unos veinticinco años, cuando ya entré en mis años no literarios. Aunque tenía que buscar, y buscaba las palabras adecuadas, daba la impresión de estar haciendo contra mi voluntad ese esfuerzo descriptivo bajo una especie de coacción que me llegaba del exterior. Supongo que la "narración" reflejaría los estilos de los varios escritores que admiré en diferentes edades, pero recuerdo que siempre tuve la misma meticulosa calidad descriptiva.

Cuando tuve unos dieciséis años descubrí de repente la alegría de las palabras; por ejemplo, los sonidos v las asociaciones de palabras. Unos versos de Paraíso perdido, que ahora no me parecen tan maravillosos, me producían escalofríos. En cuanto a la necesidad de describir cosas, ya sabía a qué atenerme. Así, está claro qué clase de libros quería yo escribir, si puede decirse que entonces deseara yo escribir libros. Lo que más me apetecía era escribir enormes novelas naturalistas con final desgraciado, llenas de detalladas descripciones y símiles impresionantes, y también llenas de trozos brillantes en los cuales serían utilizadas las Palabras, en parte, por su sonido. Y la verdad es que la primera novela que llegué a terminar, Días de Birmania, escrita a mis treinta años pero que había proyectado mucho antes, es más bien esa clase de libro.
Doy toda esta información de fondo porque no creo que se puedan captar los motivos de un escritor sin saber antes su desarrollo al principio. Sus temas estarán determinados por la época en que vive -por lo menos esto es cierto en tiempos tumultuosos y revolucionarios como el nuestro-, pero antes de empezar a escribir habrá adquirido una actitud emotiva de la que nunca se librará por completo. Su tarea, sin duda, consistirá en disciplinar su temperamento y evitar atascarse en una edad inmadura, o en algún perverso estado de ánimo: pero si escapa de todas sus primeras influencias, habrá matado su impulso de escribir. Dejando aparte la necesidad de ganarse la vida, creo que hay cuatro grandes motivos para escribir, por lo menos para escribir prosa. Existen en diverso grado en cada escritor, y concrétamente en cada uno de ellos varían las proporciones de vez en cuando, según el ambiente en que vive. Son estos motivos:


1. El egoísmo agudo. Deseo de parecer listo, de que hablen de uno, de ser recordado después de la muerte, resarcirse de los mayores que lo despreciaron a uno en la infancia, etc., etc. Es una falsedad pretender que no es éste un motivo de gran importancia. Los escritores comparten esta característica con los científicos, artistas, políticos, abogados, militares, negociantes de gran éxito, o sea con la capa superior de la humanidad. La gran masa de los seres humanos no es intensamente egoísta.

Después de los treinta años de edad abandonan la ambición individual -muchos casi pierden incluso la impresión de ser individuos y viven principalmente para otros, o sencillamente los ahoga el trabajo. Pero también está la minoría de los bien dotados, los voluntariosos decididos a vivir su propia vida hasta el final, y los escritores pertenecen a esta clase. Habría que decir los escritores serios, que suelen ser más vanos y egoístas que los periodistas, aunque menos interesados por el dinero.

2. Entusiasmo estético. Percepción de la belleza en el mundo externo o, por otra parte. en las palabras y su acertada combinación. Placer en el impacto de un sonido sobre otro, en la firmeza de la buena prosa o el ritmo de un buen relato. Deseo de compartir una experiencia que uno cree valiosa y que no debería perderse. El motivo estético es muy débil en muchísimos escritores, pero incluso un panfletario o el autor de libros de texto tendrá palabras y frases mimadas que le atraerán por razones no utilitarias; o puede darle especial importancia a la tipografía, la anchura de los márgenes, etc. Ningún libro que esté por encima del nivel de una guía de ferrocarriles estará completamente libre de consideraciones estéticas.

3. Impulso histórico. Deseo de ver las cosas como son para hallar los hechos verdaderos y almacenarlos para la posteridad.

4. Propósito político, y empleo la palabra "político" en el sentido más amplio posible. Deseo de empujar al mundo en cierta dirección, de alterar la idea que tienen los demás sobre la clase de sociedad que deberían esforzarse en conseguir. Insisto en que ningún libro está libre de matiz político. La opinión de que el arte no debe tener nada que ver con la política ya es en sí misma una actitud política.

Puede verse ahora cómo estos varios impulsos luchan unos contra otros y cómo fluctúan de una persona a otra y de una a otra época. Por naturaleza -tomando "naturaleza" como el estado al que se llega cuando se empieza a ser adulto- soy una persona en la que los tres primeros motivos pesan más que el cuarto. En una época pacífica podría haber escrito libros ornamentales o simplemente descriptivos y casi no habría tenido en cuenta mis lealtades políticas. Pero me he visto obligado a convertirme en una especie de panfletista. Primero estuve cinco años en una profesión que no me sentaba bien (la Policía Imperial India, en Birmania), y luego pasé pobreza y tuve la impresión de haber fracasado. Esto aumentó mi aversión natural contra la autoridad y me hizo darme cuenta por primera vez de la existencia de las clases trabajadoras, así como mi tarea en Birmania me había hecho entender algo de la naturaleza del imperialismo: pero estas experiencias no fueron suficientes para proporcionarme una orientación política exacta. Luego llegaron Hitler, la guerra civil española, etc.

Éstos y otros acontecimientos de 1936-1937 habían de hacerme ver claramente dónde estaba. Cada línea seria que he escrito desde 1936 lo ha sido, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo. Me parece una tontería, en un periodo como el nuestro, creer que puede uno evitar escribir sobre esos temas. Todos escriben sobre ellos de un modo u otro. Es sencillamente cuestión del bando que uno toma y de cómo se entra en él. Y cuanto más consciente es uno de su propia tendencia política, más probabilidades tiene de actuar políticamente sin sacrificar la propia integridad estética e intelectual.

Lo que más he querido hacer durante los diez años pasados es convertir los escritos políticos en un arte. Mi punto de partida siempre es de partidismo contra la injusticia. Cuando me siento a escribir un libro no me digo: "Voy a hacer un libro de arte". Escribo porque hay alguna mentira que quiero dejar al descubierto, algún hecho sobre el que deseo llamar la atención. Y mi preocupación inicial es lograr que me oigan. Pero no podría realizar la tarea de escribir un libro, ni siquiera un largo artículo de revista, si no fuera también una experiencia estética. El que repase mi obra verá que aunque es propaganda directa contiene mucho de lo que un político profesional consideraría inmaterial. No soy capaz, ni me apetece, de abandonar por completo la visión del mundo que adquirí en mi infancia. Mientras siga vivo y con buena salud seguiré concediéndole mucha importancia al estilo en prosa, amando la superficie de la Tierra. Y complaciéndome en objetos sólidos y trozos de información inútil. De nada me serviría intentar suprimir ese aspecto mío. Mi tarea consiste en reconciliar mis arraigados gustos y aversiones con las actividades públicas, no individuales, que esta época nos obliga a todos a realizar.

No es fácil. Suscita problemas de construcción y de lenguaje e implica de un modo nuevo el problema de la veracidad. He aquí un ejemplo de la clase de dificultad que surge. Mi libro sobre la guerra civil española, Homenaje a Cataluña, es, desde luego, un libro decididamente político, pero está escrito en su mayor parte con cierta atención a la forma y bastante objetividad. Procuré decir en él toda la verdad sin violentar mi instinto literario. Pero entre otras cosas contiene un largo capítulo lleno de citas de periódicos y cosas así, defendiendo a los trotskistas acusados de conspirar con Franco. Indudablemente, ese capítulo, que después de un año o dos perdería su interés para cualquier lector corriente, tenía que estropear el libro. Un crítico al que respeto me reprendió por esas páginas: "¿Por qué ha metido usted todo eso?", me dijo. "Ha convertido lo que podía haber sido un buen libro en periodismo." Lo que decía era verdad, pero tuve que hacerlo. Yo sabía que muy poca gente en Inglaterra había podido enterarse de que hombres inocentes estaban siendo falsamente acusados. Y si esto no me hubiera irritado, nunca habría escrito el libro.

De una u otra forma este problema vuelve a presentarse. El problema del lenguaje es más sutil y llevaría más tiempo discutirlo. Sólo diré que en los últimos años he tratado de escribir menos pintorescamente y con más exactitud. En todo caso, descubro que cuando ha perfeccionado uno su estilo, ya ha entrado en otra fase estilística. Rebelión en la granja fue el primer libro en el que traté, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, de fundir el propósito político y el artístico. No he escrito una novela desde hace siete años, aunque espero escribir otra enseguida.

Seguramente será un fracaso -todo libro lo es-, pero sé con cierta claridad qué clase de libro quiero escribir.

Mirando la última página, o las dos últimas, veo que he hecho parecer que mis motivos al escribir han estado inspirados sólo por el espíritu público. No quiero dejar que esa impresión sea la última. Todos los escritores son vanidosos, egoístas y perezosos, y en el mismo fondo de sus motivos hay un misterio. Escribir un libro es una lucha horrible y agotadora, como una larga y penosa enfermedad. Nunca debería uno emprender esa tarea si no le impulsara algún demonio al que no se puede resistir y comprender. Por lo que uno sabe, ese demonio es sencillamente el mismo instinto que hace a un bebé lloriquear para llamar la atención. Y, sin embargo, es también cierto que nada legible puede escribir uno si no lucha constantemente por borrar la propia personalidad. La buena prosa es como un cristal de ventana. No puedo decir con certeza cuál de mis motivos es el más fuerte, pero sé cuáles de ellos merecen ser seguidos. Y volviendo la vista a lo que llevo escrito hasta ahora, veo que cuando me ha faltado un propósito político es invariablemente cuando he escrito libros sin vida y me he visto traicionado al escribir trozos llenos de fuegos artificiales, frases sin sentido, adjetivos decorativos y, en general, tonterías.
FIN

Resumen biográfico.

Escritor, ensayista y periodista inglés, George Orwell es uno de los más conocidos autores del siglo XX, autor de grandes alegatos contra el totalitarismo en cualquiera de sus versiones. Orwell pasó a la historia de la literatura universal gracias a obras como 1984 o Rebelión en la Granja, novelas que hoy en día todavía mantienen su fuerza original.


Nacido en la India durante el periodo colonial británico, Orwell creció en Inglaterra, donde se formó en St.Cyprian antes de terminar sus estudios en Eton, poco antes de volver a Birmania donde comenzó a trabajar de policía. Años después, harto de la situación imperial, vuelve a Inglaterra y escribe sus primeros textos sin apenas sustento económico.

Establecido en París a partir de 1928, Orwell escribe su primera obra de renombre, Sin blanca en París y en Londres, hasta que su aventura sin apenas dinero acaba al volver a casa de su familia. Es a partir de este momento, en el que pasa a trabajar como profesor, que elige firmar con el nombre de George Orwell en lugar de con el suyo propio, Eric Blair.

La obra de Orwell a partir de 1936 se vuelve más social y con puntos en común con la izquierda europea moderada. Sin duda su paso por la Guerra Civil Española, alistado en contra de las fuerzas rebeldes en las filas del sindicato troskista del POUM, marcó su visión del estalinismo como fuerza totalitaria. Tanto en la Guerra Civil como en la Segunda Guerra Mundial, Orwell escribió artículos y ensayos para diarios y radio, como Tribune o la BBC.

De entre su obra habría que destacar, como ya hemos dicho anteriormente, títulos como1984 o Rebelión en la granja, pero sin olvidar Homenaje a Cataluña, Mi Guerra Civil Española, Diario de Guerra o Subir a por aire.
George Orwell murió en Londres el 21 de enero de 1950.

Su obra.

Mención expresa merece su visión distropica  en la obra 1984 que tan de actualidad se encuentra actualmente y que debería ser de lectura obligatoria en las escuelas del mundo, como antidoto a la neolengua y el control del pensamiento, tan extendido entre nuestros políticos actuales y medios de comunicación. Lamentablemente la mayoría de la población lo único que conoce del Gran Hermano es el nefasto programa de televisión que degrada al también llamado Hermano Mayor y lo convierte en un cotilla chafardero, lo que  resulta un insulto a la inteligencia y a la propia obra de Orwell.

Libros
Sin blanca en París y Londres (Down and Out in Paris and London, 1933).
Los días de Birmania (Burmese Days, 1934).
A Clergyman's Daughter (1935).
Mantened la aspidistra izada (Keep the Aspidistra Flying, 1936).
El camino a Wigan Pier (The Road to Wigan Pier, 1937).
Homenaje a Cataluña (Homage to Catalonia, 1938).
Subir a por aire (Coming Up for Air, 1939).
Rebelión en la granja (Animal Farm, 1945).
1984 (1949).
Publicaciones de sus diarios y otros tras su muerte
Mi Guerra Civil Española (1939).
Diario de Guerra 1940-1942 (1942).
Orwell en España
1984
Ensayos
A Good Word For The Vicar of Bray
A Hanging
A Nice Cup of Tea
AntiSemitism In Britain
Arthur Koestler
Benefit of Clergy: Some Notes on Salvador Dali
Books vs. Cigarettes
Bookshop Memories
Boys' Weeklies and Frank Richards's Reply
Charles Dickens
Charles Reade
Confessions of a Book Reviewer
Decline of the English Murder
Down The Mine
Freedom of the Park
Future of a Ruined Germany
Good Bad Books
How The Poor Die
In Defence of P. G. Wodehouse
Inside The Whale
James Burnham and the Managerial Revolution
Lear, Tolstoy and the Fool
Looking Back On The Spanish War
Mark Twain -- The Licensed Jester
Marrakech
Nonsense Poetry
North And South
Notes on Nationalism
Pleasure Spots
Poetry and the Microphone
Politics and the English Language
Politics vs. Literature: An Examination of Gulliver's Travels
Raffles and Miss Blandish
Reflections on Gandhi
Revenge is Sour
Riding Down The Bangor
Rudyard Kipling
Shooting an Elephant (1936)
Some Thoughts on the Common Toad
Spilling The Spanish Beans
Such, Such Were The Joys
The Art of Donald McGill
The Lion and the Unicorn: Socialism And The English Genius
The Prevention of Literature
The Spike
The Sporting Spirit
W B Yeats (ensayo)
Wells, Hitler And The World State
Why I Write
Writers and the Leviathan
You and the Atomic Bomb

lunes, 7 de mayo de 2012

El Legado del Caminante. Un blog para leer.

" EL LEGADO DEL CAMINANTE"
En este blog puedes encontrar, relatos e historias tal vez vividas, imaginadas o soñadas, escritas por Aleksander en esos momentos en los que los Ados se alían con las Musas para provocar el nacimiento de la literatura. O eso, o tal vez sea que escribe las rayaduras y desvaríos que se le pasan por la cabeza.
Elige la opción que creas que más se corresponde con la realidad, porque no es a mi a quien compete decidir...

En cualquier caso quiero recomendar sus relatos e historias, que leo siempre que puedo y me sorprenden la mayoría de las veces con su peculiar sentido del humor  junto a ese estilo fresco y desenfadado que lo caracteriza.

Esta es a modo de muestra, una de las entradas del blog  El Legado del Caminante.

El legado del caminante: Alexius, sus días y sus cosas.: 

“!Wake up, I pounding on the door I’m not the men I was before Where hell are you.. When I need ...

-Silencio, maldito trasto –susurro mientras apreto todos los botones del móvil hasta que la alarma se apaga–. Hay que ver lo mal que cantas a estas horas.

Si es que son las siete de la mañana, ¿cómo me puede hacer Anaila esto? Sabe de sobra que yo y las primeras horas de la mañana no nos llevamos nada bien. Pero no hay marcha atrás, le dije que iría con ella a estudiar a la universidad y eso haré.

¡En pie!

Bueno… cinco minutos más y en pie.

Vale, ahora sí, en pie. Me pongo la camisa, me calzo los pantalones y me visto los zapatos (o algo así) me peino lo mejor que puedo, como un yogurt, lloro en silencio por tener que abandonar la cama y me dirijo a la puerta.

Voy a abrirla, pero desde fuera alguien entra antes. Ante mí aparece una demacrada figura muy parecida a mi hermano menor, tiene el pelo largo como él, es flaco y lleva ropas dignas del mismísimo revisor de tapas de dentífrico de la casa real.

-¿Sabes que tienes clase en media hora? –le pregunto mientras cojo mi chaqueta.

-Sí, vengo a por la mochilla.

-Allá tú y tu vida, Cristov.

-Y allá tú con la tuya, Alexius, que se nota que has dormido tan poco como yo.

***
El metro es muy reconfortante cuando tienes tanto sueño, el gordo que tengo a mi lado se convierte rápidamente en un colchón fabuloso y tengo que luchar para sujetar a mi novia y seguir atento a su conversación.

-Y entonces me volvió a llamar, que acababa de hablar con su exnovio, pero él le colgó y no volvió a coger el teléfono.

La conversación sobre la tonta de nuestra amiga y sus amoríos desastrosos me encienden la sangre y los sentidos, rápidamente me aparto de mi rechoncho colchón y comienzo a decirle a mi novia todo lo que pienso sobre lo idiota que es nuestra amiga, le pregunto varias veces por qué seguimos estando con ella y, finalmente, me canso de quejarme y me callo para seguir escuchando todas las tonterías que hizo nuestra amiga.

Finalmente salimos en nuestra parada de metro, en frente de nosotros aparece un precioso edificio, rodeado de columnas, al que se asciende por una escalinata de piedra que llega a un enorme protón de cristal coronado con una gran estatua de mármol al más puro estilo griego antiguo. Me dispongo a entrar en mi querida universidad, cuando recuerdo que esta es la facultad de medicina y que a la que vamos está más adelante. Entonces llegamos ante un edificio que en su día fue blanco, más o menos antes de que Chérnobil fuera evacuada y este edificio fuera traído de allí. Hace poco se derrumbó la gran parte del recibidor y ahora hay que dar una vuelta a la manzana para llegar al lugar que quiero ir porque, como todo el mundo se imagina, esta es la facultad a la que vengo a estudiar.

Finalmente llego a la biblioteca, Anaila está ya en clase, así que es hora de estudiar. Abro mi portátil, pongo el libro encima, saco el subrayador y…

-¡Alexius! -Su voz me hace volver a este mundo–. Despierta.

-No estaba dormido. –Piensa rápido, Alexius, piensa-. Estaba analizando la información que acababa de leer.

-Ya, te entiendo, la primera página del libro y los nombres de sus autores son demasiada información para procesar sin dormir en el intento.

-Buen punto.

Finalmente ella se ríe un poco y nos dirigimos al exterior de su cafetería para relajarnos durante media hora, no sabéis lo duro que es dormir con la cabeza apoyada en un libro de texto. El césped es mucho más confortable, así que, mientras repaso mis libros de derecho y ella su libro de physiological psychology -ella puede decirme que es una asignatura, pero yo estoy seguro de que es un trabalenguas que intenta que repita para reírse- hablamos tranquilamente sobre la tienda de decoración que visitaremos el fin de semana, todavía tenemos que hacer que nuestra casa no parezca un mausoleo renacentista.

-Necesitamos cortinas para todas las ventanas, una nevera, y sábanas nuevas.

-¿Después de todo lo que me ha costado que esas sábanas duraran todo un año?

-Especialmente por eso, Alexius.

-Pero si ahora están geniales –rebatí incansable–. Ahora la de abajo se ha roto de manera que puedes meter los pies por dentro de ella y tenerlos más tapaditos, ¿qué tienda ofrece sábanas así?

Anaila, me mira ahora como si pretendiera asesinarme en el patio de su facultad, por lo que me callo para evitar mi descuartizamiento. Finalmente ella pasa al siguiente complemento necesario para la casa.

-Pasemos a la nevera.

-Otro aparato innecesario, compramos la comida al día, para eso no nos hace falta nada más que nuestra nevera portátil llena de helados de hielo.

-Te daría la razón si no fuera porque te los comiste todos.

-Te dije que no los compraras de cola, que me gustan demasiado.

Esperaba que mi querida pareja se volviera a enfadar y me golpeara repetidas veces con su libro, pero en lugar de eso se rió un poco, mostrándome su increíble sonrisa. Hacía tiempo que no la veía así de feliz.

-Me alegra que hayas venido, Alexius, y que no te hayas dejado tu humor en casa.

-Por una parte de mí que no necesita dormir no me la iba a dejar en casa –Le respondo feliz; me alegra que ella haya recuperado la sonrisa, estaba claro que las clases de esta mañana no estaban siendo muy entretenidas.

Ella suspira suavemente, apoya su cabeza en mi pecho y descansa tumbada a mi lado en el césped. Yo descanso junto a ella con lágrimas en los ojos, no porque me emocione el que ella esté feliz (que nunca está de más) sino porque me está clavando su rodilla en la pierna.

Y yo puedo ser un poco idiota, pero sé cuando no debo romper un buen momento. Así que suspiro y, mientras intento alcanzar el Nirvana a través del dolor, descanso junto a ella en el césped.




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Con esto da comienzo la historia de Alexius, espero que os guste a todos. Pra empezar quiero decir que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (O que vosotros os parecéis mucho a mis personajes) pero si algún lector no se da por aludido en algún momento, no se preocupes, pronto aparecerá un personaje que de manera casual, fortuita y sin querer, se parecerá a vosotros.

Quiero dejar claro también, que esta historia no tiene NADA QUE VER con la de Aleksander. Los nombres se parecen (Más que nada porque los protagonistas de mi libro, o por lo menos un personaje secunadrio de todos ellos, se llama Alexandre o una variante de este nombre) pero ahí se acaba el parecido.

Un saludo a todos, perdonad la tardanza y no os preocuppéis, habrá más entradas enseguida. Seguid leyendo, que yo seguiré escribiendo.

"Sigo buscando sueños imposibles, sigo persiguiendo fantasmas pasados, pero sigo sabiendo que encontraré aquello que tanto anhelo"


Entrada original extraída de: El Legado del Caminante.